EL SECTOR PRIMARIO AGRICOLA, EL ESLABÓN MÁS DÉBIL Por Natalia Estefanía Palazzolo

24 agosto, 2018 0 Por admin

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el sector primario agrícola constituye el eslabón más débil de la cadena productiva. Éste es el agente económico de menor peso en la cadena de valor. Si bien numéricamente es superior a los demás eslabones, su escasa integración, la gran presencia de minifundios, sus dificultades para incorporar tecnología, entre otros factores, coloca a los productores primarios en una posición de debilidad en la negociación para adelante en la cadena. En lo que respecta al precio particularmente es muy común que al momento de celebrar el contrato de compra-venta no esté previamente fijado, muchos productores no preguntan el valor del kilo de uva, no sólo porque tienen una relación consuetudinaria con el bodeguero, sino porque lo único que les interesa es la garantía de ubicar su producción, mantenerse fidelizados y en algunos casos el adelanto para pagar cosecha y acarreo. No se busca el mejor precio, sino que te reciban la uva
En un mercado que cada vez tiende más a la centralización y concentración económica, los agentes que no tienen la capacidad para adaptarse a los nuevos parámetros técnicos y productivos exigidos por el mercado, tienen como opción la sumisión a las condiciones que se le impongan o la desaparición.
Si analizamos la situación del sector vitivinícola en la Argentina, podemos ver la evolución geográfica de la superficie cultivada según datos del INV. Mientras que en el año 1.994 la superficie cultivada de vid ascendía a 209.838 has., las cuales estaban conformadas por 34.988 viñedos (una media de 6 ha/viñedo), en 2015 las hectáreas aumentaron a 225.581 con 25.049 viñedos (con una superficie media 9 has/viñedo). A simple vista puede inferirse que si bien la superficie cultivada total se incrementó un 7,5% en los últimos 20 años, la cantidad de viñedos se redujo en un 27,7%. Es decir que la mayor superficie cultivada se concentró en menores propietarios de tierra cultivada. Hay más tierra cultivada, es decir que el negocio sigue creciendo, pero con una menor cantidad de viñas, cada una con mayor extensión promedio.
De acuerdo a las consideraciones de algunos autores podemos decir que, analizando la participación del viñatero en la generación del producto y apropiación del excedente se está en condiciones de afirmar que los agentes viñateros pequeños, no son sólo expoliados sino además explotados.
Esto debido a que el productor viñatero se encuentra en un proceso de subsunción indirecta respecto al gran capital, lo que permite su explotación aún cuando son agentes de capital y no asalariados.
En esta relación muchas veces el precio de la uva no responde al valor real de su producción sino a las conveniencias y condiciones fijadas por el núcleo del circuito de acumulación. De esta forma, el viñatero además de su producto, también está vendiendo su fuerza de trabajo, y a veces en condiciones más denigrantes que las de un asalariado mismo.
Tanto el eslabón primario como el elaborador, que son fundamentales en la creación y generación de valor en la cadena productiva, son los menos retribuidos y su peso dentro de la cadena es bajo. Visto desde otro enfoque, el precio que recibe el productor representa menos del 14% del precio del producto final en góndola.
Dentro de las zonas vitivinícolas de Mendoza, la que aglutina mayor cantidad de superficie cultivada es la zona Este, que representa el 43% (según datos de 2016) de la superficie total de la provincia con vid. Consecuentemente también es la que mayor cosecha tiene y elaboración de vino sin distinción de varietal.
Las diferencias entre las zonas vitivinícolas en Mendoza son notorias. La Zona Este se caracteriza por mayor cantidad de productores, mayor cantidad de explotaciones pero de pequeñas extensiones (minifundios). Mientras que las otras zonas, en especial el Valle de Uco, tienen menor cantidad de viñedos pero de mayor superficie cada uno, con plantaciones de uva más cotizadas en el mercado que las del este.
Por tanto, resulta aún mayor la debilidad en la que se encuentran los productores primarios del Oasis este de la provincia de Mendoza.
En virtud de ello, surge la necesidad imperiosa de que los productores aúnen esfuerzos, se organicen y nucleen en organizaciones, como APROEM, que puedan sumar sus voces y hacer que el reclamo del sector más débil de la cadena, pero tan importante en la generación de valor, sea escuchado. De lo contrario, muchos están condenados a desaparecer.

Por Natalia Estefanía Palazzolo